miércoles, 28 de agosto de 2013

Rod Stewart-'Atlantic crossing' (1975)



Amarrando un balón de fútbol con su brazo izquierdo y con una botella de algún brebaje (seguro que de alta graduación) en el derecho. Así aparece Rod Stewart (un llamativo dibujo de él) en la portada de Atlantic crossing, su disco de 1975, aferrado a dos de sus grandes pasiones: el fútbol y la bebida. Solo le falta al lado una rubia de piernas largas, y ya tendríamos el vivo retrato de la felicidad. Es un Rod gigante, pisoteando el mundo, en una metáfora doble: el músico londinense (de corazón escocés) estaba a mediados de los setenta en pleno proceso de conquistar el planeta, al mismo tiempo que le pegaba una patada a su gobierno, el inglés, afincándose en EE UU y así librándose de la sangría con la que le amenazaba el fisco. Nada nuevo en el mundo del rock esto de huir de la Hacienda materna.  


Rod seguía compatibilizando su ascendente carrera en solitario con la descendente de los Faces, que en diciembre de ese mismo 1975 cerraría definitivamente, con Ronnie Wood camino de los Rolling Stones. Atlantic crossing tiene divididas las caras (hablamos de un vinilo): la A, llamada Fast half, dedicada a excitados rockanroles; y la segunda, la Slow half, entregada al baladismo que tanto practicaba el músico. A pesar de esta organización el disco suena sin mucha cohesión, debido básicamente a la gran cantidad de músicos que participan, tomados de aquí y de allá. Pero ahí están para resolver la situación la voz y el sentido de la diversión de Rod. Se muestra siempre vacilón en el rock, como en ese chuleta arranque con Three time loser, un tema sobre las, ejem, enfermedades venéreas; o ese cañón, Stone cold sober (¿mejor que Hot legs?), en compañía de Steve Cropper. 

Muy bien tratados esos abigarrados vientos, seguramente influidos por el trabajo de los sopladores Bobby Keys y Jim Price con los Stones en piezas como la monumental Bitch. Cuando llega el apartado de ponerse melifluo, Rod recurre a versiones, que él convierte en infalibles, como I don’t want to talk about it (nunca un pastel empachó tan poco, manto de violines incluidos) o Sailing, la canción que cierra el disco, que Rod no quería incluir como primer sencillo (prefería la rockera Three time loser). Finalmente se dejó convencer y, como se dibuja en la portada, conquistó el mundo.  

Valoración: 3'5 sobre 5.

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