martes, 27 de agosto de 2013

Andrés Calamaro: "El problema de los estúpidos es que encima sean mala gente"










(Esta entrevista se publicó en la portada de 'Dominical' el 25 de agosto de 2013).

Texto: Carlos Marcos. Fotos: Luis Rubio.

“No hace falta que lo agarres con fuerza, pero tampoco es una pipa de crack que te va a explotar. Cógelo con suavidad. Es amargo, pero ha salido rico. No hace falta que lo tomes de un trago. Lo puedes disfrutar… A ver si te gusta”. Andrés Calamaro se muestra generoso esta mañana. Estamos compartiendo mate con él, sorbiendo de la misma bombilla. Lo ha preparado manualmente minutos antes de la entrevista. El cantante transporta todos los utensilios allá adonde va: el recipiente, la yerba, un calentador de agua eléctrico... Un peso considerable. “Me gusta tomar el mate cuando despierto, en ayunas”, explica el músico, nacido en Buenos Aires (Argentina). Hace solo tres días (el 22 de agosto) cumplió 52 años. Con un tatuaje de un toro en un brazo y en el otro el del nombre de su única hija (Charo, de seis años), no parará de beber la excitante infusión en las próximas cuatro horas. El encuentro es en Madrid. Su nuevo disco se llama Bohemio, con brillantes-simples piezas rock, donde relata su “año en el infierno”. Una cosa antes de empezar. Omitimos en sus respuestas los abundantes “¿verdad?” y “¿no es cierto?” con los que finaliza las reflexiones y, sobre todo, prescindimos de los extensos silencios durante las respuestas. Ponemos solo un ejemplo: “El mundo vive [6 segundos de silencio] entre la intoxicación y la rehabilitación. Y no solo [carraspeo y otros 6 segundos de silencio, y trago largo de mate] hablo de sustancias. Hablo también de lo económico, de lo político, de lo social… [30 segundos de silencio]. Un adicto al tabaco [tres segundos de silencio, y otro gran sorbo de mate] si descubre otra cosa para fumar que no sea tabaco se va a sentir liberado, ¿no? Quiero decir, o sea… [30 segundos de silencio]. El peligro de las adicciones es repetir demasiadas veces con una misma sustancia, ¿no? Eso te puede llevar a la perdición del hígado”.


El otro día realizó una escucha de su nuevo disco, ‘Bohemio’, con periodistas. Después se pasó usted a saludar. Una reportera que no le conocía comento: “¡Pero si es muy amable y cariñoso!”. Es verdad, por supuesto. No sé qué motivos tendría para no pensar así.

Probablemente le siga en Twitter, donde parece usted permanente cabreado. Es que está el tema de los animalistas animales. No tienen ni puta idea de lo que es el arte. No solo no han visto una corrida de toros en su vida. No, eso no es lo grave, porque como las rechazan tiene sentido que no las vean. El tema es no saber, no tener ni puta idea. No han visto ni un cuadro. ¡No han leído ni El Principito!

¿Pero a usted le compensa enzarzarse en debates con gente cuyo primer ‘tuit’ es un insulto? Es difícil hablar con gente con conceptos tan pobres. Pero todo puede cambiar: hasta el más tonto puede dan un giro karmático de 180 grados en su vida, ¿no?

Entonces, está usted en una especie de misión para culturizar al pueblo por medio de sus debates en Twitter. Claro, hay un poco de eso.

Compite, pues, con el Ministerio de Cultura. Ni sé quién es el Ministro de Cultura en España [Calamaro vive casi todo el año en Argentina]. Pero no creo que justo a este gobierno español se le ocurra prohibir los toros. El campo, la ganadería, la cultura… Deberían recibir toda la ayuda posible del Estado, si es que no han metido todo el dinero en sobres y lo han robado.

¿Usted a quién cree más, a Luis Bárcenas o a Mariano Rajoy? Nunca habría votado al PP, pero pensé que el cambio de gobierno nos iba a conceder a los ciudadanos de España [Calamaro tiene la doble nacionalidad: española y argentina] unos meses de primavera económica. Pero fue todo lo contrario, ¿no? Fue directo al invierno.

Pero no me ha respondido: ¿quién es más mentiroso, Bárcenas o Rajoy? Yo creo que… el que hable menos. Está claro, ¿no? El que habla menos espera que la tormenta escampe pronto.

Está la cosa proclive para hacer un disco social, pero Bohemio no va por ese camino. Si lo hubiese hecho social lo hubiera llamado Rapiña. Está la cosa muy caliente. Pero yo sigo dudando de si a la gente realmente le importa. Yo sé que hay mucha gente que dice: “Me quiero ir a cualquier lado donde pueda currar”. Si llevas trabajando toda la vida y cobrando una nómina y la dejas de cobrar es un buen susto. Yo lo entiendo y lo respeto, y le doy un abrazo fraternal a esa gente. Pero yo viví siempre de un modo más mercenario. Los músicos nunca sabemos cuál es la próxima peseta que vamos a ganar. No solamente los músicos: pasa en muchos oficios, ¿verdad?

Le confieso que me he perdido. ¿Puede concretar? No quiero decir a la ligera que nos importa todo un pito porque sé que hay gente que está sufriendo. Pero, sin embargo, quiero decir, me gusta pensar que hay mucha gente que no renuncia a su estilo de vida. Por ejemplo, me he dado cuenta de que en las giras, este año yo sé que hay gente que no puede afrontar el precio de dos entradas. [Y en este punto, Andrés Calamaro cambia el hilo de la conversación radicalmente sin mediar pregunta]. Estamos en otro año fantástico, rearmé el grupo, tenemos una gira estupenda que dividimos en dos partes…

En las letras de su nuevo álbum pide usted mucho “perdón”. ¿Tanto la ha fastidiado en el último año? En el disco El Salmón había una letra que decía: “Ya pedí perdón mil veces pero tengo mil más”. Bueno, en este disco consumo unas cuantas veces más. Y me quedan algunas para el álbum siguiente.

¿Cómo es el infierno que ha pasado el último año? Me afectó mucho la muerte de nuestro compañero más querido y más admirado del rock en Argentina, Luis Alberto Spinetta [falleció en febrero de 2012]. Sufrí mucho. De chico fui seguidor suyo, luego compañero y más tarde amigo. Fue mi héroe, fue un ejemplo de músico ético, armónico, poético. Ahora me queda el recuerdo del último abrazo que nos dimos [se emociona al relatar esto último], que fue en el aeropuerto de Santiago de Chile.

¿Ha sido la pérdida que más le ha dolido en su vida? Para mí resultó tremendo. Probablemente haya sido, cómo llamarlo, como un high de conciencia y de mortandad equivocado. A eso es a lo que me refiero con el año accidentado. Murió mi amigo, mi compañero, mi héroe. Y tuve un lapso de conciencia equivocado. Pensé: “¿Nos estamos muriendo? ¡Que se vaya todo al carajo!”. Eso fue lo que me pasó.

En esos momento de fragilidad, que ya sufrió en otras etapas, ¿corre peligro Andrés Calamaro? No, no corro peligro. Sé que no estoy arriesgando la vida, pero sí otras pequeñas cosas de la vida: la familia, los amigos, la conexión con la sociedad, con el tiempo…

Entonces se aísla... Ocurre que el aislamiento y la creación artística combinan bastante bien, se enriquecen entre sí, te ayudan a que estés más solo. Pero me recuperé bien.

Su época más radical de desconexión fue en 1999, con el disco Honestidad brutal. De hecho su hermano Javier dijo, con cierto humor negro: “Estamos preocupados por Andrés. Somos una familia muy chica y no nos podemos permitir perder a un miembro”.  [Risas] Es verdad. Aquella fue mi etapa más brava. Y coincidió con el fin del milenio, el fin del siglo. Era todo tan conceptual… Yo intentaba aprovechar los últimos días del milenio.

¿Descubrió alguna nueva droga en aquella época, o recurrió a las clásicas? Bueno… Era el auge de las drogas sintéticas y probé algunas. Muchas ni siquiera sé cómo se llaman todavía.

¿Cómo se lleva ahora con las sustancias? Ahora estoy perfecto.
Ya me ve, con el mate desde la mañana. Me hago los canutos más livianos y si es posible los fumo por la noche.

“Cuando conocí a Andrés Calamaro, con 17 años, me pareció muy intenso y un poco ególatra”. Es una frase de Cachorro López, amigo suyo y productor de Bohemio. Hay que tener en cuenta que Cachorro venía de vivir en Ibiza. A cualquiera que llegue a Argentina procedente de Ibiza le parecerá que Buenos Aires es muy intenso. Respecto al ego, creo que está sobreevaluado o devaluado. Jamás un verdadero psiquiatra o psicoanalista me nombró el ego. No sé a qué se refiere la gente cuando habla del ego. ¿Quizá al orgullo? ¿O a la dignidad? Por mucho que te sientas el centro del mundo, la fragilidad humana está en nuestra conciencia. Los miedos y el ego se nos van curando mientras vivimos. Se cura: o con experiencia lisérgica o pasándolo mal o con la muerte de seres queridos. Pero se cura.

¿A quién le daría el premio Guinness de la estupidez? El problema de los estúpidos es que encima sean mala gente. Un estúpido a secas no molesta a nadie. Todos obramos con estupidez alguna vez. Tal vez una vez por día. [Calamaro frena la reflexión y pregunta: “Perdona, ¿puedo pasar al baño? Es que un litro de mate...”].

Cuando regresa, a los tres minutos, coge otro hilo: “Estaba dándole vueltas a eso del ego. Alguien que habla en primera persona o que expone sus ideas, ¿tiene problemas de ego inflamado? Estamos llenos de inseguridades y complejos, y algunos incluso de experiencias lisérgicas. Fue Mark Twain u Oscar Wilde quien dijo: ‘La gente inteligente habla de ideas, y la gente común habla de cosas’. La música es un buen punto de partida, porque es una idea, y fantástica”.

¿Qué es lo que más ha sacrificado por ser una estrella del rock? No lo sé. Tendría que haber sido un mejor pianista. Escribir canciones y cantarlas ocurrió por accidente. Fue la ley del mínimo esfuerzo. Nunca fui un gran estudiante de piano y tengo que conformarme con esto. Es así. Pero no pierdo la capacidad de sorpresa. Cada vez que escribo una letra digna o una buena canción sencilla, me sorprendo de haberlo conseguido de nuevo. Luego, si la canción me convierte en una estrella o me lleva al fango depende de la suerte. Quizá alguien esperara de mi otra clase de artista o pianista.

¿Sus padres? No, no estoy pensando en mis viejos. Mis padres me consideran un intelectual preocupado por su país y por el mundo en lugar de una estrella del rock. Y mi madre, pues amor de madre: está encantada con todos sus hijos [Andrés Calamaro tiene un hermano, Javier, también músico, y otros dos solo de parte materna, fruto de una relación anterior de su madre].

Creo que sus padres son unos nonagenarios muy lúcidos. Sí. Mi madre tiene 92 y mi padre 94. Mi viejo es el sabio de la familia, el intelectual. Fundó un partido político. Es un lector y un escritor permanentes. Se jubiló de abogado lo antes posible para dedicarse a la intelectualidad. Hace un tiempo tuvo un accidente cerebral y no se siente cómodo leyendo y escribiendo.

¿Qué tal se lleva con su nieta, su hija Charo [de seis años, fruto de su relación, ya rota, con la actriz argentina Julieta Cardinali]? Si alguien como mi padre sigue viviendo sin leer ni escribir es para disfrutar de mi mamá, de los hijos y de los nietos. Nunca le gustó la televisión y es un tío orgulloso y no quiere salir a la calle postrado en una silla de ruedas. Prefiere quedarse en casa tomando mate y disfrutar de su familia. Y mi mamá está entera. Y sigue currando con 92 años. Ella es lo que ahora se llama nutricionista.

¿Cómo es Andrés Calamaro como padre? Bueno, no vivo ahora con mi niña. Entonces, tenemos que ser pacientes los dos. Ella está estudiado piano con la misma profesora que tuve yo a los ocho años. Por eso tenemos un mayor vínculo del que podemos experimentar a diario. No vivimos en la misma casa, pero… Está en esa etapa en la que le digo que toque algo el piano y me dice que no, o que diga algo en inglés y me responde que no…
 
¿Cómo está la vida sentimental de Andrés Calamaro? Estupenda. Estoy muy feliz, enamorado. Después de muchos años de vivir como un pirata pensé que ya me merecía disfrutar de lo cotidiano de mi vida, y no estar siempre queriendo escaparme de casa para vivir una vida diferente. Nos merecemos también volver a casa. Y que alguien nos esté esperando, sentir que estamos en el mejor lugar del mundo. Lo merecemos nosotros y también aquel que nos acompaña.

Cuidado: el stone Ronnie Wood también pensaba eso y desde que cumplió 60 lleva una vida sentimental muy agitada. Bueno, a Ronnie siempre le deseamos lo mejor. Tuvo un matrimonio muy largo y fue muy romántico: siempre estaba pintando retratos de su mujer, Josephine, y dedicándole canciones. Son cosas que pasan. Según cuenta la historia, Ronnie tuvo otros problemas comprometidos, no solo con el divorcio de Josephine. Pero él dice que ahora está mejor y lo creemos.

Sin embargo, Keith Richards lleva siendo muchos años fiel a su esposa. Keith Richards es fiel hasta a su barriga.

Si usted tuviese que criticar algo a Bob Dylan, ¿qué sería? Es que incluso lo conocí y fue de pocas palabras pero muy amable. Me han contado que en Los Ángeles, en su casa, tiene un gimnasio de boxeo para prepararse. Es que cantar no es lo mismo que hablar. El boxeo entrena mucho el fondo, la resistencia respiratoria. Cuando estuvo en Buenos Aires fue al club de boxeo más importante de allí, para practicar. Y dicen que ha vuelto al judaísmo. Uno nunca sabe si creérselo del todo. Con Bob Dylan las cosas son así…

Y con Andrés Calamaro también… 

El nuevo disco de Andrés Calamaro, Bohemio, se publica el 17 de septiembre. El músico estará de gira en España en 2014.

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